Maduro detenido: ¿quién manda realmente en Venezuela ahora?

Maduro detenido, pero Venezuela sigue bajo control extranjero

El 3 de enero, fuerzas militares de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Inmediatamente, Delcy Rodríguez, exvicepresidenta del régimen, fue puesta como presidenta «encargada» por Washington.

Lo que siguió no fue un cambio real, sino una entrega estratégica. Delcy y su hermano Jorge impulsaron una reforma para que empresas extranjeras operen directamente el petróleo, sin garantías para Venezuela. Se eliminan controles «nacionalistas» y se ceden tribunales a jurisdicciones extranjeras. Diosdado Cabello, antaño furibundo defensor del petróleo soberano, ahora acepta sin reservas que lo compren.

En paralelo, Delcy lanza un programa de «Paz y Convivencia Democrática», liberan algunos presos políticos y transforman cárceles en centros deportivos. Son gestos, no un giro sustancial: Jorge reniega de la cárcel para opositores, pide perdón y propone amnistías muy parciales.

EEUU impone condiciones que violan la soberanía venezolana

Más grave aún: la administración Trump autorizó licencias para que empresas extranjeras exploten petróleo venezolano, con la condición de excluir aliados de Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Cuba. Todos los ingresos petroleros van a una cuenta en Qatar, manejada por el Departamento del Tesoro estadounidense, que decide cuánto recibe el régimen venezolano y vigila el gasto.

La soberanía del país queda claramente confiscada. No importa la voluntad popular expresada en las urnas el 28J ni las propuestas concretas para manejar recursos y restaurar instituciones. El protector externo define y ordena.

La paradoja: antiguos cómplices ahora obedecen órdenes sin convicción

¿Cómo explicamos que el equipo de Delcy, antes aliado leal de Maduro, ahora sirva a Washington? La respuesta es simple: fueron cómplices de un régimen que usaba el terror para sostenerse. Ahora, con Maduro fuera, están forzados a obedecer, no por principios, sino por necesidad de sobrevivir.

  • No hay compromiso con la transición democrática real.
  • Funcionan para mantener la estructura ilícita y seguir aprovechando los recursos petroleros.
  • Su lealtad nunca fue ideológica, sino mercenaria y represiva, asegurada por el apoyo cubano.

El fin del soporte cubano y de Maduro elimina la fachada de legitimidad. Pero no significa el fin del aparato represivo ni de la corrupción estructural. ¿Marco Rubio y Washington permitirán que sigan los negocios ilegales bajo apariencia legal?

Resistencia interna y desafíos futuros

El malestar del régimen se expone en su reticencia a liberar completamente a los presos políticos o en el ocultamiento de amnistías verdaderas. La oposición enfrenta trampas legislativas que perpetúan impunidad para los represores. La pregunta clave: ¿podrá Delcy equilibrar las ansias de revancha de sus seguidores con las órdenes extranjeras que recibe?

La estabilidad del país no vendrá de concesiones ni de negocios petroleros controlados por el exterior. Solo será posible mediante la recuperación de la soberanía popular y la restauración de un marco institucional que garantice derechos, libertad de expresión y protestas pacíficas.

La voluntad mayoritaria quedó clara en el 28J: exigir respeto al voto o convocar nuevas elecciones con garantías reales. Ni el nuevo protector ni Delcy parecen interesados en esta democracia esencial. Mientras siguen controlando los recursos y mantienen a grupos anclados en el poder, Venezuela sigue sin avanzar.

La verdad es incómoda: no era solo Maduro el problema. El verdadero reto es desmontar toda la red de corrupción, dependencia externa y autoritarismo que permanece, disfrazada de transición.

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