El silencio ignorado que pone en jaque la recuperación de Venezuela

El cambio real en Venezuela no está en las mesas donde se negocia

45 días tras la captura de Nicolás Maduro y la alegría efímera que despertó, la política venezolana avanza en una dirección que pocos quieren aceptar: la sociedad civil y sus demandas quedan al margen.

Lo que está pasando

Un acuerdo silencioso entre el chavismo y la Casa Blanca de Trump impone un plan que prioriza la estabilización económica antes que la democratización auténtica. Este diseño beneficia a sectores que no representan a quienes buscan un cambio genuino en el país.

Mientras tanto, el régimen simula apertura con consultas populares sin intención real de incorporar observaciones críticas, preservando su narrativa y control.

Por qué esto redefine el juego político

Es imposible ignorar que sin un gobierno verdaderamente legitimado por la voluntad popular, ningún plan de recuperación será sostenible. La ilusión de estabilidad sin cambio político es una trampa que podría congelar el país en el estancamiento.

La sociedad civil organizada y sus líderes deben hacerse escuchar con fuerza: no aceptan una transición bajo parámetros impuestos por el régimen o intermediarios externos que no reflejan la verdadera voz venezolana.

Qué viene si no se actúa

Sin una respuesta contundente, la agenda política que se impulsa marginará a millones de venezolanos exiliados y domesticará la esperanza interna. La priorización económica sin democracia solo profundizará la crisis institucional y social.

La coordinación entre la diplomacia de Washington, la figura de Laura Dogu y los actores locales tendrá sentido si responde a esta realidad y empuja un plan claro, inclusivo y legítimo.

¿Qué debe hacer el liderazgo democrático?

  • Redoblar esfuerzos con audacia e inteligencia.
  • Unir sectores ciudadanos, gremiales y políticos para mantener vivo el reclamo de libertad.
  • Impulsar una agenda realista y sin trampas, que evite divisionismos y apueste por el consenso.

Solo así el cambio político podrá acelerar la recuperación económica, el regreso de exiliados y la reconstrucción de un país quebrado.

Esto no es solo un conflicto político más; es la definición de qué Venezuela queremos para las próximas décadas.

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