Venezuela post-Maduro: Lo que nadie quiere admitir sobre el futuro del país

Maduro preso en EE.UU., pero Venezuela sigue en jaque

Hace seis semanas ocurrió un golpe histórico: la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por narcotráfico y terrorismo en Nueva York. Sin embargo, no es un fin, es el inicio de una realidad que pocos quieren enfrentar.

1. El fracaso de las élites que nadie reconoce

Venezuela lleva 27 años en conflicto ininterrumpido. Ni chavismo ni oposición pudieron imponer su hegemonía. Entonces, ¿quién impuso el orden? Estados Unidos, con una intervención directa que ninguno de los bandos acepta. El chavismo niega ser tutelado; la oposición no acepta que Trump elige al que controla el poder, no al que tiene legitimidad electoral. Esta negación solo profundiza la crisis política, manteniendo ambos en una espera pasiva.

2. Transición tutelada: la estrategia real de EE.UU.

El 3 de enero de 2026 no solo capturaron a Maduro: el régimen actual se reafirmó con Delcy Rodríguez como presidenta interina y respaldo militar inmediato. Esto confirma la apuesta estadounidense: trabajar con el régimen y no con la oposición. No importa quién tenga la razón moral, importa quién controla el Estado. La oposición debe aceptar su rol: esperar su turno.

3. La política es de minorías, no de mayorías

La democracia formal no define el poder en Venezuela hoy. Las minorías que controlan fuerzas y estructuras deciden. El inevitable acuerdo entre Rodríguez y Machado —ambas bajo la dirección de Trump— marca el inicio de un orden mínimo tutelado. No habrá transición perfecta ni victoria total. Ambos perderán mucho. La negociación será dura, lenta y llena de concesiones dolorosas.

4. Cambio “en” el régimen, no cambio de régimen

Trump no busca un gobierno aliado, sino controlar la industria petrolera sin una invasión tradicional. La apuesta es arriesgada: ¿podrá el chavismo mutar de saqueador a socio del sector privado global? Por ahora, el régimen solo promete un modelo extractivo, limitado. Inversiones masivas son necesarias, pero la desconfianza es profunda: ni Exxon Mobil cree que Venezuela sea un lugar para apostar.

Además, comienza un lento desmontaje de la represión. La liberación de presos políticos avanza, aunque a paso lento y con condiciones estrictas. El régimen usa amnistías parciales para ganar tiempo y legitimar un proceso político controlado.

5. ¿Estamos ante una verdadera transición?

Aún no. Esto es un equilibrio inestable. Ninguna parte está satisfecha. La coexistencia incómoda es el centro del juego. La base de esta frágil paz es la amenaza estadounidense constante. El escenario actual es distinto a todo lo vivido bajo el chavismo: es lo más cercano a la libertad en 27 años, pero cuesta aceptarlo.

La urgencia es evitar idealismos y presiones que arruinen el poco avance logrado. Estados Unidos tiene la última palabra y su estrategia gradual —aunque impopular— es lo que sostiene este delicado proceso.

No se trata de querer lo perfecto. Se trata de no perder lo posible.

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