Delcy propone amnistía, pero mantiene la prisión política intacta
Amnistía, pero con cadenas invisibles
La propuesta de amnistía en Venezuela no es un gesto de liberación, sino un mecanismo para controlar quién queda libre y quién sigue preso político. No se trata de una decisión inmediata; el debate se extiende, hundiendo esperanzas mientras el régimen administra su apertura.
Lo que oculta la ley
Delcy Rodríguez podría liberar a presos y exiliados con acciones ejecutivas simples, pero eligió un proceso largo y condicionado. La amnistía solo abarca delitos políticos específicos, ignorando la persecución sistemática que se ejerce desde 1999 con expedientes falsos, censura y hostigamiento diario.
Además, la exigencia de que los beneficiarios “estén a derecho” obliga a los perseguidos a someterse al mismo sistema judicial corrupto que los criminalizó. Esto convierte la “amnistía” en otra forma de control, con casos revisados uno por uno por jueces cuestionados.
Una ley que no desarma al poder
La propuesta no toca leyes clave como la Ley contra el Odio, ni desmantela los grupos parapoliciales. Tampoco anula inhabilitaciones o sanciones administrativas ni revierte la ilegalización de partidos políticos. El régimen mantiene intacta su maquinaria de represión.
Qué sigue y qué debemos exigir
El regreso de figuras como Zapatero indica que el oficialismo controla la narrativa internacional sin asumir responsabilidades claras. Chile y las naciones libres deben vigilar con rigor: la amnistía solo tendrá valor si abre camino a elecciones libres, respeto a derechos y un verdadero Estado de derecho.
Esta transición no caerá del cielo. Requiere presión firme, claridad política y solidaridad desde afuera para desmontar el sistema de control disfrazado de reformas.