Perú al borde de su octavo presidente en menos de 10 años: ¿Caos sin fin?
Otro golpe político. Otra crisis que nadie quiere admitir.
José Jerí, presidente interino de Perú y figura clave en el Congreso, está al filo de ser destituido. Su salida marcará al país con un dato alarmante: Perú podría tener su octavo presidente en menos de una década.
El detonante: escándalos y sospechas
Jerí asumió el cargo tras la destitución de la expresidenta Boluarte, buscando estabilidad en un panorama que hace años es inestable. Pero la situación cambió rápido. Reuniones ocultas con empresarios chinos, incluido un encuentro encapuchado, difundidas por la prensa, apuntan a irregularidades graves: tráfico de influencias y patrocinio ilegal en una Fiscalía que ya investiga.
Peor aún, cinco jóvenes mujeres habrían conseguido contratos estatales luego de encuentros privados con Jerí, una polémica que dañó aún más la imagen del presidente.
La reacción del Congreso: cacería política acelerada
Una moción de censura se activó con la firma de 78 congresistas, más de la mitad del Parlamento, para destituir a Jerí el próximo martes. Como presidente del Congreso que también ejerce la Presidencia, su salida está casi asegurada si se vota en su contra.
¿Qué significa esto para el futuro de Perú?
La crisis llega a exactamente dos meses de las elecciones generales del 12 de abril. Muchos partidos que en su momento apoyaron a Jerí intentan ahora distanciarse para no arrastrar impopularidad a las urnas. Solo el fujimorismo apuesta por mantenerlo, argumentando estabilidad hasta la llegada del nuevo gobierno.
Un ciclo de inestabilidad sin final a la vista
Ollanta Humala (2011-2016) fue el último presidente en completar un mandato completo. Desde entonces, los cambios presidenciales se han convertido en una constante dolorosa para la institucionalidad peruana. Si Jerí es destituido esta semana, la cifra de mandatarios estará en ocho en menos de diez años, y la incertidumbre política se profundizará.
El misterio ahora es quién tomará las riendas como interino. Con un Congreso desgastado y lleno de aspirantes reñidos, la solución parece lejos de brindar estabilidad real, mientras la agenda política continúa chocando con los intereses económicos y sociales del país.